En una situación de incomodidad y de tensión intensa, una persona puede tener la tentación de tomar medicamentos como la aspirina y otros calmantes recetados o no por el medico. Tomar un calmante no es grave si es ocasional. Lo que si es grave es pensar que estos medicamentos son la solución de las dificultades resultantes del estrés. Estas drogas sólo modifican las percepciones que el ser tiene de su cuerpo. Como sentimos menos la incomodidad, pensamos que las cosas se han arreglado, pero los flujos bloqueados están todavía ahí, idénticos; incluso tienen tendencia a agravarse. La incomodidad aumenta y hay que tomar mas drogas para encontrarse bien de nuevo. Añadamos para terminar, que estas drogas son, lo queramos o no, tóxicas y se acompañan de efectos no desdeñables sobre las estructuras encargadas de drenar el cuerpo, lo que agrava todavía mas la situación.

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